| En la
práctica diaria su utilización como idioma de
trabajo es muy inferior a la de esas dos lenguas,
lo que obedece, en gran medida, a que el francés
y el inglés son los únicos idiomas de trabajo
de la Secretaría General de la ONU, tal como se
estableció en la resolución 2 (I) de la
Asamblea General, de 1 de febrero de 1946. La
propia Asamblea ha reconocido en diversas
ocasiones lo injusto de esta situación y así,
en su resolución 50/11, de 2 de noviembre de
1995, relativa al multilingüismo, lamenta
"que los diferentes idiomas oficiales
[
] se utilicen de manera desigual en el
seno de las Naciones Unidas" y advierte
"que cada vez con más frecuencia se atenta
contra el principio de la igualdad de los idiomas
oficiales". La creación de la página de la ONU
en Internet ha puesto de manifiesto los graves
desequilibrios entre los idiomas oficiales que
caracterizan a la política del Departamento de
Información Pública. En efecto, la diferencia
entre la cantidad de información disponible en
español y aquella en inglés es abismal y va en
aumento. Todo ello supone un grave incumplimiento
de lo dispuesto en la resolución 52/214C de la
Asamblea General, de 22 de diciembre de 1997, en
la que se pide que "los textos de todos los
nuevos documentos públicos, en los seis idiomas
oficiales, y el material de información de las
Naciones Unidas estén disponibles diariamente en
el sitio de Internet de las Naciones
Unidas".
Esta desigualdad
ha provocado una reacción sin precedentes entre
los Estados Miembros de habla hispana, cuyos
embajadores remitieron al Secretario General de
la ONU una carta con fecha 11 de abril de 2001,
en la que denunciaban "la tendencia a
privilegiar el uso de un solo idioma en el seno
de las secretarías de los organismos del sistema
de las Naciones Unidas" y lamentaban
"la existencia de esta tendencia tanto en la
redacción y difusión de importantes
publicaciones como en la propia negociación de
resoluciones y decisiones en los organismos
directivos, e incluso, a veces, en las relaciones
de algunas secretarías con los Estados
Miembros". Por su parte, Roberta Lajous,
Embajadora de México, en el discurso que
pronunció ante el Comité de Información de las
Naciones Unidas el pasado 3 de mayo, recordó que
el español, además de ser uno de los seis
idiomas oficiales de la ONU, era utilizado en
todo el mundo por unos 400 millones de personas y
por más de 21 millones de usuarios de Internet.
En cambio, según se dijo en las jornadas sobre
la red organizadas este año por el Consejo
Económico y Social, el 80% de la información
que se publica en Internet está en inglés,
aunque sólo un 10% de la población mundial
habla ese idioma. Ya en 1999, el Consejero de
Información de la Misión Permanente de España
ante las Naciones Unidas había señalado, en su
intervención ante el Comité de Información,
que la expresión de la información relativa a
la ONU "prácticamente en un solo
idioma", además de carecer de toda base
legal en la normativa de la Organización,
ofrecía una imagen de esta que no se
correspondía con su carácter plural y citaba el
ejemplo de la Unión Europea, en cuya página de
Internet estaban presentes todos los idiomas
oficiales. La medida más reciente para tratar de
remediar este problema ha sido el acuerdo
alcanzado por el Comité de Información, en su
sesión plenaria celebrada el 11 de mayo, de
presentar este año a la Asamblea General un
proyecto de resolución que incluye diversos
párrafos a favor del multilingüismo en las
Naciones Unidas.
En su respuesta a
la carta enviada por los veinte embajadores de
los Estados Miembros de habla española, el
Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi
Annan, reconoció el desequilibrio existente y
afirmó que, si bien consideraba imposible lograr
la paridad absoluta "en el marco de las
limitaciones presupuestarias actuales",
estimaba fundamental la mejora del equilibrio
lingüístico entre los idiomas oficiales de las
Naciones Unidas, para lo cual había creado un
grupo interdepartamental encabezado por un
Coordinador del Multilingüismo, con categoría
de Subsecretario General. Otra de las medidas
adoptadas para mejorar la situación es la puesta
en marcha de un programa de "colaboración
de universidades que puedan proporcionar
gratuitamente buenas traducciones" del sitio
de Internet de la ONU, iniciativa surgida de la
colaboración con una experta asociada, cuyos
servicios financia el Gobierno de España.
2. El español
en los servicios de conferencias de las Naciones
Unidas
El Servicio de
traducción al español forma parte del
Departamento de Asuntos de la Asamblea General y
de Servicios de Conferencias, que se encarga de
facilitar a las sesiones y reuniones de los
órganos de las Naciones Unidas servicios que
comprenden la interpretación, la preparación de
actas de las sesiones y la publicación, la
traducción, la reproducción y la distribución
de documentos.
Los intérpretes
traducen las declaraciones pronunciadas en
cualquiera de los seis idiomas oficiales de la
Asamblea General a los demás idiomas oficiales.
Además, de conformidad con el artículo 53 del
reglamento de la Asamblea General, los
representantes de los Estados Miembros también
pueden hacer uso de la palabra en lenguas no
oficiales. Cuando esto sucede, la delegación
interesada ha de encargarse de la interpretación
o ha de proporcionar una traducción escrita de
la declaración en alguno de los idiomas
oficiales. Este pasa a considerarse el texto
oficial de la declaración y el texto que los
intérpretes de las Naciones Unidas traducen a
los demás idiomas oficiales. Las delegaciones
que ejercen esta prerrogativa también deben
poner a disposición del intérprete de las
Naciones Unidas una persona que conozca la lengua
en la que se va a pronunciar el discurso y el
idioma oficial a que haya sido traducido, para
que le guíe en la lectura del texto traducido de
manera que haya simultaneidad entre el orador y
el intérprete.
En cuanto a los
traductores, trabajan con textos sumamente
diversos tanto por su forma como por su
contenido, a saber: estudios políticos,
económicos, sociales, jurídicos, estadísticos,
etc.; informes de distinta índole; resoluciones
y decisiones de órganos diversos; actas
resumidas de las sesiones; correspondencia
oficial; publicaciones varias (libros y
folletos); textos distribuidos como documentos de
las Naciones Unidas a petición de los Estados
Miembros; tratados, declaraciones y otros
instrumentos internacionales; y el Diario de
las Naciones Unidas, que se publica todos los
días en francés e inglés y durante la Asamblea
General en los seis idiomas oficiales. La gran
mayoría de estos textos pertenecen al ámbito de
la traducción documental que, según el Manual
de instrucciones para los traductores que se
utiliza en el Servicio de español, se rige por
tres principios básicos: uniformidad
terminológica, claridad sintáctica y concisión
estilística.
El tipo de idioma
que se utiliza en las traducciones de las
Naciones Unidas viene determinado ante todo por
el carácter multinacional de la Organización.
No hay que olvidar que son más de veinte los
Estados Miembros hispanohablantes, por lo que en
el Departamento de Servicios de Conferencias se
recomienda encarecidamente a los traductores que
eviten el empleo de localismos y se plieguen al
uso mayoritario. Así, por ejemplo, un traductor
español deberá traducir national income
por "ingreso nacional" en lugar de
"renta nacional" y un argentino habrá
de preferir "producto nacional bruto" a
"producto bruto nacional" como
equivalente de gross national product. No
obstante y como ya he dicho, la traducción que
se lleva a cabo en la ONU es casi exclusivamente
de tipo documental y, por tanto, se basa en el
denominado "uso culto"; de ahí que el
problema de las variedades dialectales sea menor,
puesto que dicho "uso culto" es mucho
más uniforme que el habla coloquial de los
distintos países.
Otra
característica importante del español empleado
en las traducciones de las Naciones Unidas es que
es el resultado de la labor de los traductores y
terminólogos desde la fundación de la
Organización, ya que son escasos los documentos
redactados originalmente en español. Las
referencias, sobre todo los documentos
fundamentales, como la Carta de las Naciones
Unidas, las resoluciones de la Asamblea General y
los instrumentos internacionales, sientan
precedente, y las expresiones que aparecen en
ellas se perpetúan decenio tras decenio, aunque
hayan quedado obsoletas en el idioma que se
utiliza fuera de la ONU. Por otra parte, cuando
surgen nuevos conceptos en el plano político o
económico, por ejemplo, se hace necesario
acuñar un equivalente. Así el traductor se
convierte en creador de unidades léxicas, mucho
antes de que se generalice el uso de los
neologismos correspondientes en otros medios. Hay
una especie de memoria colectiva de las
soluciones que se han dado a ciertos problemas de
traducción. Es como si antes de redactar textos
en español, los hablantes tuvieran que consultar
varios libros para cerciorarse del uso de ciertas
expresiones.
Estos rasgos hacen
que la denominada "onulingua" pueda
resultar extraña a las personas que no tienen
contacto con la Organización pero no hay que
olvidar que este español hace una aportación
fundamental al entendimiento, no sólo
lingüístico sino también político, entre los
hispanohablantes de distintos países. Puede
decirse que, sin duda, es en la ONU donde mejor
se aprecia la condición universal de nuestro
idioma.
Dos son los
problemas fundamentales con que se enfrentan los
traductores al español en los Servicios de
Conferencias de las Naciones Unidas:
En primer lugar,
el inglés no siempre es la lengua materna de las
personas que redactan los documentos originales,
por lo que la calidad de estos se resiente. Los
traductores deben entonces intentar mejorar la
expresión del original, pues de lo contrario
podrían ser acusados de producir una traducción
defectuosa, pero no siempre lo consiguen del
todo; de ahí que algunos documentos no tengan la
calidad deseable. Además hay ciertos documentos,
como las resoluciones y decisiones, los tratados
y otros instrumentos internacionales en los que
debe mantenerse un alto grado de paralelismo con
el texto original para facilitar las
deliberaciones y la posterior consulta, lo que
puede dar lugar a una sintaxis algo forzada en
español. En el caso de los tratados y
convenciones hay que tener en cuenta además que
los textos en las seis lenguas oficiales se
consideran igualmente auténticos desde el punto
de vista jurídico, por lo que los traductores
pueden hacer importantes aportaciones dentro de
los comités de redacción cuando los Estados en
que se habla el idioma de que se trate solicitan
su colaboración, lo cual sucede con frecuencia.
Por otro lado, los
traductores han de resistir la presión del
inglés, que es muy fuerte porque, además de ser
la lengua del país en que se encuentra la Sede,
los Estados Unidos, es también uno de los dos
idiomas de trabajo de la Secretaría y todos los
que trabajan en la Sede de la Organización lo
utilizan a diario. Además predominan, con
diferencia, los documentos escritos originalmente
en inglés, lo que puede hacer que, con el
tiempo, sus estructuras sean reproducidas
involuntariamente por los traductores dando lugar
a anglicismos de diverso tipo (por ejemplo, la
frase refugees and displaced persons se
traduce a menudo por "los refugiados y las
personas desplazadas", en lugar de "los
refugiados y los desplazados"). Este es un
problema frecuente en el caso de los traductores
que llevan muchos años viviendo fuera de su
país de origen y han perdido en cierto modo, el
contacto con la evolución del idioma. Otras
veces sucede el fenómeno contrario: por temor a
reproducir las estructuras léxicas o
sintácticas del idioma original se introducen
otras poco naturales en español (por ejemplo, deminage
no se traduce por "desminado" sino por
"remoción de minas").
Finalmente existe
el peligro de que los delegados de los Estados
Miembros, haciendo uso de su autoridad política,
intenten imponer determinadas formas no del todo
correctas frente a los verdaderos especialistas
que son los traductores y los terminólogos. Esta
es una tendencia natural en todos los hablantes
que hacen uso de su conocimiento intuitivo del
idioma. De ahí que, por ejemplo, en la sección
III del folleto titulado Instrucciones para las
delegaciones, se advierta que "las
correcciones a las actas resumidas (SR) no deben
referirse a cuestiones de estilo". En la
raíz de este problema se encuentra de nuevo la
influencia del inglés, ya que los delegados
residen en los Estados Unidos y utilizan ese
idioma en muchas de sus reuniones, sobre todo en
las consultas oficiosas, que no siempre cuentan
con servicios de interpretación. Pero no hay que
olvidar que muchos de los documentos que se
traducen pueden ser leídos fuera de la
Organización, en ocasiones con importantes
consecuencias. Por ello no basta utilizar la
onulingua sino un idioma que sea comprensible y
estilísticamente aceptable en todos nuestros
países.
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