
Jaime
Sabines
1926-1999
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Poeta mexicano
nacido en Tuxtla Gutiérrez, en el estado de Chiapas. Vivió alternativamente ahí y en la ciudad de
México.
Estudió medicina y letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) , fué diputado en el
Congreso de la unión.
Sus poemas son viajes al fondo oscuro de las emociones, siempre
con fuerza y siempre desgarrados. De su interior saca
poemas toscos y abruptos. A veces acierta y a veces no, pero
cuando lo logra, sus poemas, hablen del amor o de la muerte del
padre, tienen una fuerza y una tenacidad en donde el ritmo del
lenguaje y la potencia de las expresiones dejan sin aliento al
lector, seguro de haber tocado una verdad. Fue Premio
Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Sus
libros
son Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva
(1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo
(1972), Algo sobre la muerte del
Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su
obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977).
Entrevista concedida a Martha Anaya y Patricia Ruiz el 24 de Marzo de 1996 en la Ciudad de México
Va apoyado en una
sola muleta...Nuevamente --después de seis años y cuatro meses
de
encierro, de 34 operaciones clínicas, y cuatro iatrogenias--,
Jaime Sabines está en pié.
Sonríe... Hoy, 25 de marzo de 1996, el poeta cumple setenta años.
El sol ha
entibiado esta mañana la sala de su casa. Los libros descansan
en los anaqueles. Sabines ve el azúl del cielo, y deja
escapar la rebeldía en su voz:
"¡Quiero vivir...! Vivir bien, vivir sano; no vivir limitado, discapacitado como le llaman ahora."
Ya está muy cerca
de concluir la larga noche, la pesadilla. El mismo ve asomar el
amanecer. Y ante ese nuevo futuro, el autor
de, Los Amorosos, de Yuria, insiste:
"Ni planes ni
proyectos. Nada. En esto parece que me parezco a México...; pero
mi único deseo, que no proyecto, es volver a
vivir"
-¿Y la pluma? ¿La poesía?
-¿Para qué?
--devuelve Sabines--. Además, no tengo ninguna urgencia de
escribir. Nunca la he tenido en realidad. Fíjate, si
ves mi vida, tengo muy pocos libros, once. Y entre uno y otro han
pasado tres, cuatro años, a veces hasta cinco años en que
no he escrito nada, nada; y de pronto viene el golpe y me echo un
libro en veinte días o en un mes. Así es...Ahora, con mayor
razón por mi enfermedad... Quiero volver a vivir primero.
-¿Cuándo tiempo lleva sin escribir?
-Bueno, hace dos
años me eché un poema muy bonito. El de "Me encanta
Dios". Ese lo escribí aquí en mis rodillas. Decía yo,
no puedo ponerme en la cama como siempre he escrito, recostado
sobre mi costado izquierdo, aquí mi cenicero, mi taza de
café y mi libreta y mi pluma... Y ahora no puedo hacerlo y,
decía, voy a terminar escribiendo sobre las rodillas. Y siempre
piensa uno: "eso está escrito sobre las rodillas",
para decir que está mal escrito, muy apresurado...
"¡Pues me
jodió...como castigo de Dios, ahora escribe sobre las
rodillas...Y así, en una libretita de taquigrafía --ahora no
puedo agarrar mis libretas aquellas hermosas que tenía--
mientras estaba yo en la cama e iba a desayunar, se me antojó,
agarré
la libreta y la pluma, aún no llegaba el desayuno y dije: Voy a
escribir algo. Y me fue saliendo el poemita de Dios, precioso,
como testamento...
Me encanta Dios.
Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta
jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una
pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es
un poco cegatón y bastante torpe de las manos.
"Llegó el desayuno y dije, ¡espérense!. Estaba
picadísimo, hasta que lo terminé. Y luego que lo terminé, a
almorzar sabroso.
Después lo leí de nuevo y me gustó, y en la noche lo volví a
leer y me gustó, y dije ya quedó...Me salen siempre de golpe,
no
tengo correcciones ni nada; las correcciones son simultáneas al
acto de escribir, pero muchas veces tacho el poema, lo rompo
o lo desprecio..."
Las muletas han
quedado recargadas en el librero. Al frente, junto a la chimenea,
cuelga una fotografía de su hermano Juan en
los tiempos que fuera gobernador de Chiapas.
Jaime Sabines
rememora. Va aún más atrás, a 1953. Año en que inicia
"mi trauma, mi silencio"...Se hace cargo de la tienda
de
Juan, El Modelo. Cuenta:
"Cada mañana
tenía que levantar cuatro chingadas cortinas de acero y barrer
la calle por donde la gente pasaba tirando
basura. Era un poeta, pero tenía que ponerme a vender metros de
manta o delantales o no se qué carajos...
"Ahora
reconozco --agrega-- que esos años terribles me enseñaron
muchas cosas; la humildad, a ser cualquier gente, aunque
en el fondo supiera que yo era antes que nada un poeta."
NUNCA HABIA VISTO A MEXICO TAN DESMADEJADO
Sabido es que
jaime Sabines le tiene pánico a los periodistas y que odia las
entrevistas. Sin embargo, aún cuando la charla se
aleja de una clásica entrevista, los temas del día van y
vienen.
Casi de entrada, habla de Marcos:
"Es un poeta
en muchos sentidos; por ejemplo en esa carta donde dice que no
hay por qué pedir perdón,. tiene un contenido
social y político muy emotivo, muy bien planteado, muy bien
escrito emocionalmente. Tiene buen manejo del idioma, es un
buen comunicador. No cabe duda que el Ejército zapatista le debe
90% de lo que es a Marcos..."
-¿Le quitaría el pasamontaña como la Doña?
- La capucha es
muy valiosa para hacer la mitología de Marcos... Hace dos años
me preocupé mucho por Marcos. Pensaba
yo, este pobre tipo en qué va a terminar, cuál va a ser su fin.
Ojalá que le peguen un balazo y que lo maten. Sería mejor para
su leyenda, porque verlo de diputado ¡qué horror!
-¿Llegará a ser otro Che?
-Quién sabe. Yo
lo he visto últimamente declinante. No en su definición social,
declinante literariamente; lo veo muy por debajo
del nivel que tenía en principio. No se si la repetición
constante del mismo chiste deja de ser chiste y pierde la
frescura, la
originalidad. Se me hace que ha decaido mucho Marcos, muchos de
sus comunicados ya no los leo...
Otro tema inevitable es el del ex Presidente Carlos Salinas:
-¿Usted le apreciaba, verdad?
-Hasta la fecha --reconoce Sabines--, estoy muy agradecido además con él.
-¿Usted qué cree que le ocurrió a Salinas?
-Yo creo que lo
del Ejército Zapatista lo descuartizó. Le quitó toda posición
real sobre la tierra. salinas, hasta el quinto año de
gobierno había sido una maravilla y fácilmente hubiera llegado
a ser presidente de la Organización Mundial de Comercio. Era
admirado en todo el mundo. ¿Qué le pasó a Salinas? ¿Por qué
la regó en el último año? Yo creo que fue el desquiciamiento
del primero de enero del Ejército zapatista, cuando él confiaba
totalmente en todo. Por eso se enojó tanto con mi paisano
Patrocinio, que decía que no había peligro, que en Chiapas no
podía pasar nada...Ahí, se debilitó Salinas mentalmente,
emocionalmente se desmadejó. Es la imágen que yo tengo de él,
porque era un hombre audaz.
-¿Muchos mexicanos dicen que Salinas los engañó. Usted se sintió engañado?
-No. Yo en lo
personal no lo digo. Yo nunca hablaré mal de Salinas porque
tengo motivos personales de gratitud hacia él.
Pero no creo que haya engañado al pueblo...¡hombre, si todo
estaba a la vista!
-¿Qué pasa en nuestro país, alguna vez lo había visto tan mal?
-¡Nunca había
visto a México tan débil, tan desmadejado como está
ahora...Hay mucha debilidad, mucha falta de autoridad.
Hay falta de confianza, falta de credibilidad en todo los
sentidos. Y oyes al Presidente de la República y dice ¡Ya..!
Qué va a
pasar si las autoridades no ponen remedio a ésto. Qué va a
pasar, no sabe uno.
-Ante este caos, ¿en qué se refugia?
-Yo no me refugio,
estoy con mi enfermedad, con mis malestares. Tengo que estar en
mi casa encerrado; veo televisión y leo,
esos son mis refugios; pero ver televisión es tanto como estar
en la calle.
EL POETA ES EL ESCRIBANO A SUELDO DE LA VIDA.
En la casa sólo se escucha su voz. Relee, a petición nuestra, el discurso que pronunció cuando le entregaron el Premio nacional de Ciencias y Artes. Se detiene en un parrafo:
La poesía es el
descubrimiento, el resplandor de la vida, el contacto
instantáneo y permanente con la verdad del hombre. La
poesía es una droga que se tomó una vez, un cocimiento de
brujas, un veneno vital que le puso otros ojos al hombre y otras
manos, y le quitó la piel para que sintiera el peso de una
pluma. Quiero decir con esto que el poeta es el condenado a
vivir. No
hay distracción posible, no hay diversión, no hay posibilidad
de salirse del mundo. Todo esto debe ser escrito, todo debe
hacerse constar. El poeta es el escribano a sueldo de la vida...
-¿Podríamos cambiar la poesía por el periodismo?
Jaime Sabines no
parece muy de acuerdo con la idea. Y de plano dice:
¡No...Déjalo como está. ya si tú quieres, cuéntales que
así es el periodismo...
Compañero
inseparable de jaime Sabines eran sus cigarrillos sin filtro.
Fumaba desde que tenía once años. A los quince,
fumaba ya de dos a tres cajetillas de Delicados. Incluso,
"cumplí mis bodas de oro en 1995 con los Delicados".
Ahora, esa
historia también terminó:
"El 17 de
febrero de 1995, a las 20 horas, dejé de fumar. Me dije: Voy a
dejar de fumar...los primeros días te juro por Dios
que andaba con mi andadera y me temblaban las piernas. "Me
voy a caer", decía y buscaba dónde sentarme, por la falta
de
cigarro. Hijo de su madre, qué tremendo..."
Ahora, en lugar de
sus Delicados, trae un invento japonés llamado "calpo"
que le sirve "para hacerme tonto". Es una especie de
cigarrillo con esencia de tutifruti, de menta, de lima-limón, de
canela.
Y ahí lo tiene,
con el "cigarrillo" ese entre los labios, sonriendo,
esperando el momento para volver a recorrer las calles, para
volver a soñar, volver a escribir, y volver a vivir...
Los amorosos
callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan
como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se estan
yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre- ¡ que bueno !- han de estar solos.
Los amorosos son
la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad
abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran
alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son
locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como una lámpara de inagotable
aceite.
Los amorosos
juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero
vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces
un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
¿Que putas puedo
hacer con mi rodilla,
con mi pierna tan larga y tan flaca,
con mis brazos, con mi lengua,
con mis flacos ojos?
¿Que puedo hacer
en este remolino
de imbéciles de buena voluntad?
¿Que puedo con
inteligentes podridos
y con dulces niñas que no quieren hombre sino poesía?
¿Que puedo entre
los poetas uniformados
por la academia o por el comunismo?
¿Que, entre
vendedores o políticos
o pastores de almas?
¿Que putas puedo
hacer, Tarumba,
si no soy santo, ni héroe, ni bandido,
ni adorador del arte,
ni boticario,
ni rebelde?
¿Que puedo hacer
si puedo hacerlo todo
y no tengo ganas sino de mirar y mirar?
Te quiero porque tienes las partes de la mujer
en el lugar preciso
y estás completa. No te falta ni un pétalo,
ni un olor, ni una sombra.
Colocada en tu alma,
dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,
leche de luna en las oscuras hojas.
Quizás me ves,
tal vez, acaso un día,
en una lámpara apagada,
en un rincón del cuarto donde duermes,
soy la mancha, un punto en la pared, alguna raya
que tus ojos, sin ti, se quedan viendo.
Quizás me reconoces
como una hora antigua
cuando a solas preguntas, te interrogas
con el cuerpo cerrado y sin respuesta.
Soy una cicatriz que ya no existe,
un beso ya lavado por el tiempo,
un amor y otro amor que ya enterraste.
Pero estás en mis manos y me tienes
y en tus manos estoy, brasa, ceniza,
para secar tus lágrimas que lloro.
¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras
me dirás que te amo? Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Recoge mi cabeza.Guarda el brazo
con que amé tu cintura. No me dejes
en medio de tu sangre en esa toalla.
Poema de su libro Poemas Sueltos
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
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Sergio Zamora B.
Guadalajara, Jalisco, México 2002